6 abr. 2012

92 frases citables de "Memoria de mis putas tristes" / Gabriel García Márquez


Gabriel García Márquez cumplió 85 años, una vida. Un valioso tiempo dedicado a regalarnos mundos paralelos al nuestro, en donde nos hemos sentido a veces más a gusto y, otras, más angustiados. Su vasta obra nos ha hecho volar la imaginación más allá de nuestra cotidiana vida y ha formado una larga lista de escritores que han dirigido sus pasos rumbo a Macondo, a encontrarse con los seres descontaminados de realidad.


En su 85 aniversario, compartimos las frases más interesantes de “Memorias de mis putas”, una novela sobre la “historia de amor” entre un anciano y una adolescente.

En el libro se encuentran innumerables citas, todas ellas reflejan la sabiduría de alguien que ha vivido intensamente y ha aprendido mucho de las cosas buenas y malas de la vida:

1. El año de mis noventa años quise regalarme una noche de amor loco con una adolescente virgen.

2. También la moral es un asunto de tiempo, decía Rosa Cabarcas, con una sonrisa maligna, ya lo verás.

3. Me ofreció media docena de opciones deleitables, pero todas usadas.

4. Los sabios lo saben todo, pero no todo.

5. La inspiración no avisa.

6. A mi edad, cada hora es un año.

7. Hay que cerrar todas las ventanas para tratar de dormir la siesta en la penumbra ardiente.

8. Soy un cabo de raza sin méritos ni brillo.

9. El primer síntoma de la vejez es que uno empieza a parecerse a su padre.

10. Es un triunfo de la vida que la memoria de los viejos se pierda para las cosas que no son esenciales.

11. No hay anciano que olvide dónde escondió su tesoro.

12. El deseo de aquel día fue tan apremiante que me pareció un recado de Dios.

13. Tuve un papá formalista al que nunca se le conoció un error. Es ésta la ciudad de mi alma tan apreciada de propios y ajenos por la buena índole de su gente y la pureza de su luz.

14. Por mis veinte años empecé a llevar un registro con el nombre, la edad, el lugar, y un breve recordatorio de las circunstancias y estilo.

15. Hasta los cincuenta años eran 514 mujeres con las cuales había estado por lo menos una vez.

16. Nunca compartí secretos ni conté una aventura del cuerpo o del alma.

17. La única relación extraña fue la que mantuve durante años con la fiel Damiana.

18. Recuerdo que yo estaba leyendo en la hamaca del corredor, y la vi por casualidad inclinada en el lavadero con una pollera (falda) tan corta que dejaba al descubierto sus corvas suculentas. Presa de una fiebre irresistible se la levanté por detrás, le bajé las mutandas (bragas o pantaletas) hasta las rodillas y la embestí en reversa. Ay, señor, dijo ella, con un quejido lúgubre, eso no se hizo para entrar sino para salir. Un temblor profundo le estremeció el cuerpo, pero se mantuvo firme. Desde entonces tuve que aumentarle el sueldo con el cálculo de una monta al mes, siempre mientras lavaba la ropa y siempre en sentido contrario.

19. Empecé a dictar clases de castellano y latín en tres colegios públicos al mismo tiempo. Fui un mal maestro, sin formación, ni vocación ni piedad alguna por esos pobres niños.

20. Lo único que pude hacer por ellos fue mantenerlos bajo el terror de mi regla de madera para que al menos se llevaran de mí el poema favorito. Sólo de viejo me enteré por casualidad del apodo que los alumnos me pusieron a mis espaldas: el Profesor “Mustio Collado”.

21. Dormía en el Barrio Chino a partir de las once de la noche. Dos veces fui coronado como el cliente del año.

22. De joven iba a los salones de cine sin techo, donde lo mismo podía sorprendernos un eclipse de luna que una pulmonía doble por un aguacero descarriado.

23. Encontré una pavita mejor de la que querías, pero tiene un percance: anda apenas por los catorce años.

24. Damiana dice que me visto con el ritual de un señor obispo: traje de lino blanco, camisa a rayas azules de cuello acartonado con engrudo, la corbata de seda china, los botines remozados con blanco zinc, y el reloj de oro coronario con la leontina abrochada en el ojal de la solapa. Así era mi atuendo: filipichín (elegante).

25. Tenga cuidado, don, que ya la casa de Rosa Cabarcas no es ni sombra de lo que fue.

26. La niña estaba en el cuarto: era bella, limpia y bien criada, pero estaba muerta de miedo.

27. Los caballeros de Gayra tienen fama de que hacen cantar a las mulas.

28. El bolero es la vida.

29. El calor se volvía insoportable a medida que avanzaba la noche.

30. Una corriente cálida me subió por las venas, y mi lento animal jubilado despertó de su largo sueño.

31. Hice mi deposición puntual y cuando solté la cadena del agua sentí que mis rencores del pasado se fueron por los albañales.

32. Bajo el sol abrasante de la calle empecé a sentir el peso de mis noventa años, y a contar minuto a minuto los minutos de las noches que me hacían falta para morir.

33. Todavía manuscribo con la letra romántica que me enseñó Florina de Dios.

34. Seguí escribiendo a mano y transcribiendo en la máquina con un arduo picoteo de gallina.

35. Hoy jubilado, pero no vencido.

36. De Ximena Ortiz, nunca logré sofocar el fuego de su recuerdo.

37. A los dos meses de noviazgo no teníamos de qué hablar y prefería irme al Barrio Chino a vivir mis noches en la paz de Dios.

38. Ximena Ortiz se fue del país esa misma noche en que yo hube de estar en la catedral y no volvió hasta unos veinte años después, bien casada y con los siete hijos que pudieron ser míos.

39. A quien me lo pregunta le contesto siempre con la verdad: las putas no me dejaron tiempo para ser casado.

40. Otra, radiante, me señaló con el dedo. ¡Qué maravilla! Todavía le queda la elegancia de ruborizarse. Su impertinencia me provocó otro rubor encima del rubor.

41. Uno de los encantos de la vejez son las provocaciones que se permiten las amigas jóvenes que nos creen fuera de servicio.

42. Una mujer no perdona jamás que un hombre le desprecie el estreno.

43. La niña ya estaba instruida para el sacrificio.

44. A Marco Tulio se le notaba el vicio de la pulcritud. Tenía maneras fáciles, se pasaba de apuesto y sereno, y lo único que ponía en peligro su prestancia era una nota falsa en la voz.

45. No abandone el barco en altamar. Todavía nos queda mucho por hablar de música.

46. Me parece contra natura que un hombre se entienda mejor con su perro que con su esposa, que lo enseñe a comer y descomer a sus horas, a contestar preguntas y a compartir sus penas.

47. Se despidió con una frase que lo mismo podía ser un buen consejo que una amenaza: “Cuídese mucho”.

48. El buque lanzó un adiós desconsolado, y sentí en la garganta el nudo gordiano de todos los amores que pudieron haber sido y no fueron.

49. Lo que tú digas, dijo, pero te pierdes el gusto de encuerarla pieza por pieza, como les encanta a los viejos, no sé por qué.

50. Está bien –dijo-, entonces esta noche a las diez en punto, antes de que se enfríe la pescada (vagina, choro, vulva).

51. Me sentía poseído por una fuerza y una determinación que nunca tuve a ninguna edad y por ninguna causa.

52. La edad no es la uno tiene sino la que uno siente.

53. Vestía a Delgadina para la edad y la condición que convenían a mis cambios de humor: novicia enamorada a los 20 años, puta de salón a los 40, reina de Babilonia a los 70, santa a los 100.

54. Cantábamos duetos de amor de Puccini, boleros de Agustín Lara, tangos de Carlos Gardel.

55. Hoy sé que no fue una alucinación, sino un milagro más del primer amor de mi vida a los noventa años. Bueno, esto debe ser lo que los médicos llaman demencia senil.

56. Fue un hombre a quien quisimos mucho, el mejor bailarín de burdeles que existió jamás, y de tan buen corazón que le tenía lástima el diablo.

57. Le tomé el pulso para sentirla viva. La sangre circulaba por sus venas con la fluidez de una canción que se ramificaba hasta los ámbitos más recónditos de su cuerpo y volvía al corazón purificada por el amor.

58. Reorganicé la biblioteca, en el orden en que había leído los libros.

59. Quedé al borde de la ruina pero bien compensado por el milagro de estar vivo a mi edad.

60. La casa renacía de sus cenizas y yo navegaba en el amor de Delgadina con una intensidad y una dicha que nunca conocí en mi vida anterior.

61. Descubrí que mi obsesión de que cada cosa estuviera en su puesto, cada asunto en su tiempo y cada palabra en su estilo, todo un sistema de simulación inventado por mí para ocultar el desorden de mi naturaleza.

62. Abrí mi corazón a las delicias del azar. Estoy loco de amor.

63. Ya lo sabes, Delgadina, la fama es una señora muy gorda que no duerme con uno, pero cuando uno despierta está siempre mirándonos frente a la cama.

64. Delgadina, un nombre diurético.

65. El sexo es el consuelo que uno tiene cuando no le alcanza el amor.

66. Rosa Cabarcas me dijo: el mundo ya no es lo que era porque no quedan muchos hombres como tú.

67. Los libros son para pastorear mis vigilias.

68. Y escribí: Niña mía, estamos solos en el mundo.

69. Se lo comenté a Rosa Cabarcas, y a ella le pareció natural. Cumple quince años el cinco de diciembre. Una Sagitario perfecta. ¿Qué podría regalarle? Una bicicleta, dijo Rosa Cabarcas.

70. Cuando fui a comprar la mejor bicicleta para ella no pude resistir la tentación de probarla.

71. Al vendedor que me preguntó la edad le contesté con la coquetería de la vejez: Voy a cumplir noventa y uno. El empleado dijo justo lo que yo quería: Pues representa veinte menos. Me sentí colmado por un gozo radiante. Empecé a cantar. La gente me miraba divertida, me gritaban, me incitaban a participar en la Vuelta a Colombia.

72. Esa semana, en homenaje a diciembre, escribí otra nota atrevida: Cómo ser feliz en bicicleta a los noventa años.

73. La noche del cinco de diciembre la besé por todo el cuerpo hasta quedarme sin aliento: la espina dorsal, vértebra por vértebra, hasta las nalgas lánguidas, el costado del lunar, el de su corazón inagotable. A medida que la besaba, aumentaba el calor de su cuerpo y exhalaba una fragancia montuna (femenina).

74. Ella me respondió con vibraciones nuevas en cada pulgada de su piel, y en cada una encontré un calor distinto, un sabor propio, un gemido nuevo, y toda ella resonó por dentro con un arpegio (manera de ejecutar los tonos de un acorde) y sus pezones se abrieron en flor sin tocarlos.

75. Sentí que era el mismo diciembre que volvía puntual con sus cielos diáfanos.

76. Si algo detesto en este mundo son las fiestas obligatorias en que la gente llora porque está alegre, los fuegos de artificio, los villancicos lelos.

77. Fui feliz, porque al toque de las doce, entre los repiques furiosos de las campanas, las sirenas de fábrica y bomberos, los lamentos de los buques, las descargas de pólvora, los cohetes, sentí que Delgadina entró en punta de pies, se acostó a mi lado, y me dio un beso. Tan real, que me quedó en la boca su olor de regaliz.

78. Delgadina no obedecía a mis órdenes, pero aguardaba la ocasión para complacerme.

79. Me sentía tan feliz, que la besaba en los párpados, muy suave, y una noche ocurrió como una luz en el cielo: sonrió por primera vez.

80. El amor me enseñó demasiado tarde que uno se arregla para alguien, se viste y se perfuma para alguien.

81. No pude evitar la comparación con la fotografía de mis treinta años, y una vez más comprobé con horror que se envejece más y peor en los retratos que en la realidad.

82. Rosa Cabarcas me escuchó en silencio, sin asombro, y por fin pareció iluminada. Qué maravilla, dijo. Siempre he dicho que los celos saben más que la verdad.

83. ¡Eso es lo que son ustedes!, grité: ¡Putas de mierda! No quiero saber nada más de ti, ni de ninguna otra guaricha (princesa virgen) en el mundo. Rosa Cabarcas contestó: De todos modos te pasaré la cuenta del desmadre que me hiciste en el cuarto.

84. No tenía un instante de sosiego, apenas si probaba bocado, cambiaba de ánimo sin razón, pasaba las noches en un estado de deslumbramiento que no me permitía leer ni escuchar música, y en cambio se me iba el día cabeceando por una somnolencia sonsa que no servía para dormir.

85. Casilda Armenta me susurró al oído: ¿Todavía tiras? A sus 73 años conservaba intacto el desparpajo del oficio. Ella suspiró. ¿Te das cuenta? En más de medio siglo es la primera vez que no te recibo la visita en la cama. Ella prosiguió: la gente te llama maestro del amor, imagínate. Pienso que nadie te conoció tus gracias y tus mañas también como yo.

86. -Haz lo que quieras, pero no pierdas a esa criatura- me dijo-. No hay peor desgracia que morir solo.

87. Hoy miro para atrás, veo la fila de miles de hombres que pasaron por mis camas, y daría el alma por haberme quedado aunque fuera con el peor. Gracias a Dios, encontré mi chino a tiempo. Es como estar casada con el dedo meñique, pero es sólo mío.

88. Sin romanticismos de abuelo despiértala, tíratela hasta por las orejas con esa pinga de burro con que te premió el diablo por tu cobardía y tu mezquindad: no te vayas a morir sin probar la maravilla de tirar con amor.

89. Desde entonces empecé a medir la vida no por años sino por décadas. La de los cincuenta había sido decisiva porque tomé conciencia de que casi todo mundo era menor que yo. La de los sesenta fue la más intensa por la sospecha de que ya no me quedaba tiempo para equivocarme. La de los setenta fue temible por una cierta posibilidad de que fuera la última. Me volví de lágrima fácil.

90. Castorina fue la que me inició por la fuerza en las artes del amor poco antes de mis doce años, mujer de carnes macizas olorosas a jabón de monte, quien me tiró bocarriba en su cama del hotel de lance, me quitó los pantalones con una maniobra maestra y se acaballó sobre mí. Ella fue la que me introdujo en su mundo de mala muerte, donde invitaban a los clientes pobres para darles un amor de caridad.

91. -Ay mi sabio triste, está bien que estés viejo, pero no pendejo- dijo Rosa Cabarcas muerta de risa-. Esa pobre criatura está lela de amor por ti.

92. Era por fin la vida real, con mi corazón a salvo, y condenado a morir de buen amor en la agonía feliz de cualquier día después de mis 100 años.

Frases recopiladas por: Periodismo Transversal

3 comentarios:

Mari DMC dijo...

El gran García Marques!!
Un libro buenisímo!!

eduardo dijo...

Excelente !!! Gabo el mejor

B5 Salina Cruz dijo...

Recien le di lectura a tan controvertido (por el titulo) libro, y si bien su lenguaje florido no me espanta si creo q podia haber sido tantito menos "directo"; y es q algunas cosas son tan obvias q no hay necesidad d puntualizarlas tan rudamente considero.
Pero en lo q cabe en general al libro sin duda deja varias reflexiones para tenerlas en el bolsillo!