26 feb. 2009

HISTORIAS DE AMOR en el CCELIMA


Texto de Felipe Revueltas

Pensar que todavía existen personas intolerables, saber que la iglesia todavía posee el poder para dirigir la “moral”, imaginar que todavía existen muchas personas que no tienen cabida en sus cabezas para aceptar el derecho de elegir el modo de vida que más les agrade; y comprobar que todavía ciertos sectores de la sociedad discriminan, odian, rechazan y maldicen a cierto tipo de persona que optó por elegir una opción sexual diferente a la heterosexual, nos hace pensar (a algunos) que estamos tirando por la borda tantos años de evolución que ha tenido que sufrir el ser humano.

Así, todavía existen reacios, necios, personas que no ven más allá de los 180 grados de su visión. En fin, para contrarrestar todo aquello siempre estará la inteligencia, la voluntad y sobre todo la imaginación.

Frente a este panorama y anhelando otro panorama (de tolerancia). El Centro Cultural de España, inauguró este mes la exposición Historias de Amor, noventa obras de artistas que a través de sus trabajos tratan la reivindicación y los derechos de los gays y lesbianas de todo el mundo. Una muestra de lo que la imaginación puede hacer contra la inmoralidad de pensar en que siempre tenemos la razón absoluta.

Estos trabajos, entre pinturas, dibujos a lápiz, fotografías, muñecos, etc., abordan temas como la revaloración los derechos de matrimonio homosexual, sobre la tenencia de hijos, la intolerancia de la religión, y además crean situaciones inusuales como el matrimonio del Quijote y Sancho, o la consolidación de pareja de “El Gordo y el Flaco”.

La curadoría de la exposición estuvo a cargo del español, Pablo Peinado, creador y director del Festival VISIBLE, el más importante de la cultura homosexual en todo el mundo. Historias de Amor, estará abierta al público hasta el 7 de marzo.

Más información en: http://www.ccelim.org/
Fuente: http://noticias.deambiente.com/





24 feb. 2009

La mala reputación de Georges Brassens


Texto de Tahimanoa

Ya no pude parar de escucharla, luego de cantarla con hito. Canción de viejos, poetas, borrachos; confundidos todos, escrita por Georges Brassens, interpretada en español por el genial Paco Ibañez.

Su lucidez me lleva al pasado, me define que la ciencia es innata y que viene dada desde lo más primitivo de las formas; porque jugar a descubrir nos apartó de la conciencia colectiva, de la alienación sistemática. Y así, consumar que existen tierras, tanto que existen gentes, y que existen corsarios tanto que existen rebeldes, conmueve a los fríos, a los estancados en hielo, convierte el “salir del rebaño” en una proeza, una hazaña de héroes, de seres misteriosos que tienen una fórmula, un lenguaje de muertos.

En mi pueblo sin pretensión, tengo mala reputación; verso que cuenta una historia de villa con calles de tierra, donde el nacionalismo era la luz visionaria, la verdad inminente, aquello que aplacaría el ansia humana de ser, pertenecer. Brassens nos narra con ironía lo que para él era lógico, totalmente natural, a pesar de la invisibilidad en masa reinante en la cultura donde estaba embutido, y nos los narra con arte, con ciencia de letras y con cara de loco, mientras deambula en los pensamientos de su maraña.

Ser cantada en español por la voz de Paco Ibañez, retumba, induce a un aullido nacido para la poesía rebelde, con una notoriedad con costras que contraen la piel. Y la gritas en nostalgia, con ánimos de ser fusilado por la corrupción de la onda, intentando cambiar una moneda por tierra.

Ovejas moradas, ovejas negras del mundo, la mala reputación es entonces, el camino de la luz, de la conciencia científica de lo que sentimos como innato, como valor primordial.

Soy humano,
soy humano y quiero pastar,
soy humano y quiero llorar.


A su disfrute, la mala reputación, traducida al español:


En mi pueblo sin pretensión
Tengo mala reputación,
Haga lo que haga es igual
Todo lo consideran mal,
Yo no pienso pues hacer ningún daño
Queriendo vivir fuera del rebaño;
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No, a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Todos todos me miran mal
Salvo los ciegos es natural.

Cuando la fiesta nacional
Yo me quedo en la cama igual,
Que la música militar
Nunca me pudo levantar.
En el mundo pues no hay mayor pecado
Que el de no seguir al abanderado
Y a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Y a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Todos me muestran con el dedo
Salvo los mancos, quiero y no puedo.

Si en la calle corre un ladrón
Y a la zaga va un ricachón
Zancadilla doy al señor
Y he aplastado el perseguidor
Eso sí que sí que será una lata
Siempre tengo yo que meter la pata
Y a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Y a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Tras de mí todos a correr
Salvo los cojos, es de creer.

No hace falta saber latín
Yo ya se cual será mi fin,
En el pueblo se empieza a oir,
Muerte, muerte al villano vil,
Yo no pienso pues armar ningún lío
Con que no va a Roma el camino mío,
No a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
No a la gente no gusta que
Uno tenga su propia fe
Todos vendrán a verme ahorcar,
Salvo los ciegos, es natural.


23 feb. 2009

Rodolfo Hinostroza y el libro de José Miguel Oviedo

En el último Dominical de El Comercio, aparece un artículo del poeta Rodolfo Hinostroza sobre “La poesía del Siglo XX en el Perú”, antología preparada por José Miguel Oviedo, el crítico tantas veces linchado por la fauna literaria peruana.

Rodolfo Hinostroza (RH) trata desde un punto de vista personal el libro de Oviedo que recoge a 21 de nuestros grandes poetas “ampliamente conocidos por la crítica nacional e internacional que van desde José María Eguren hasta Rosella del Paolo, y abarca hasta 6 generaciones”.

RH cataloga de afortunada esta selección, recogidas “a través de notas bibliográfico-críticas que en general mantienen un juicio equilibrado y desprovisto de favoritismos”, con lo cual los quisquillosos respiraríamos tranquilos, pero una línea más abajo afirma que “aunque a veces una deficiente información sobre algunos poetas lo haga resbalar”.

Hinostroza, como poeta que es, resalta que guardar la lucidez en el terreno tan subjetivo como la poesía es casi imposible, menos en el terreno de las complejas personalidades de los poetas. Sin embargo, afirma el poeta, el mérito de Oviedo es “ofrecer un juicio ecuánime sobre tan diversos autores, así como una selección bastante idónea y hasta consensual y previsible de sus mejores poemas”.

Poetas como Eguren, Vallejo, Martín Adán, Oquendo de Amat, César Moro, Sologuren, Eielson, Belli, Blanca Varela, etc, desfilan por esta antología; sin embargo, reclama la presencia de autores como Juan Parra del Riego, Francisco Bendezú, Romualdo, Pablo Guevara, Luis la hoz, Lucho Hernández, Tulio Mora, Jorge Pimentel, entre otros. Reclamo lógico que haría cualquier poeta o lector, pues todos buscarían a sus favoritos, al margen del valor poético (si es que existe).

Para deleite onírico de los peruanos, Hinostroza afirma que la poesía peruana es en conjunto es la mejor en el ámbito latinoamericano, “la más rica, la más moderna, la más exigente y variada” que se ha producido por estas tierras subdesarrolladas. Para darse dicho fenómeno literario en el Perú, Hinostroza plantea una tesis en la que resalta nuestra continua tradición literaria que no sufrió tanto de represiones, exilios, revoluciones, dictaduras y demás estragos propios de América Latina en los últimos cien años.

Hinostroza afirma que nuestra continuidad nos ha dado los poetas que actualmente nos representan, poetas con “una poderosa continuidad de la expresión poética que fue pasando de generación en generación”, pese a que cada generación renegó de la anterior, “algunos polemizan, arman pequeños escándalos y ocasionalmente se agarran a patadas, pero después se reconcilian, reconocen, y se mantiene la unidad en la diferencia que siempre nos ha caracterizado”. (Ya quisiera ver a Alonso Cueto abrazando a Oswaldo Reynoso en un bar de Quilca; o Iván Thays chupando dos chelas en el bar Don Lucho con Los Poetas del Asfalto).

Respecto al estado, Hinostroza le da de taquito a la desidia del gobierno que no se preocupa por sus poetas. No hay premios internacionales que resalten la memoria de César Vallejo, como sí existe el premio chileno Pablo Neruda, o el premio argentino Jorge Luis Borges; no existen subvenciones económicas para los autores; no hay becas; no hay Ministerio de Cultura y, en resumidas cuentas, no hay ese estímulo que sí existe en otros países que valoran el aporte de los artistas dentro de la sociedad. Si Vallejo estaría vivo, seguro igual se moriría de hambre.

Tal vez ese abandono del estado hacia sus poetas, ha creado esos monstruos que remecen la escena literaria de esta parte del planeta. Tal vez este gobierno lo sabe, tal vez todos los gobiernos se ponen de acuerdo; tal vez todos estos gobiernos que abandonaron y abandonan a sus artistas forman parte de una secta secreta que se ha dispuesto hacerle un “bien” a nuestra literatura plagada de autores heroicos, valientes y locos (como diría un cómico ambulante: “Sí, Juan”).